En El país del domingo leí una entrevista al nieto del Che. Me quedé con ganas de escribir un post. Ahí va.
Siempre me ha interesado la figura del Che. Canek, que así se llama su nieto, reflexiona acerca de la lucha hoy. Habla de otros canales en vez del fusil: ONGs y organizaciones como los colectivos lésbico-gays o los antimilitaristas. "Que no aspiran al poder, pero que con su presión acaban forzando leyes".
Miro una pequeña foto de Canek. Es joven, 33 años, y su rostro recuerda a su padre. Pienso entonces que si ahora viviese el Che sería muy parecido a su nieto. Y no estoy hablando del físico, sino de la actitud ideológica.
Me da la impresión de que un hombre tan pragmático como Ernesto Guevara, adecuaría sus actuaciones a su tiempo. Sí. Sin duda pelearía de otra forma.
Pero eso en el fondo me da un poco igual. Yo quiero resaltar otra cosa. Estoy pensando en un concepto que hoy muchos se llevan a la boca, pero pocos lo materializan: solidaridad.
El Che era ante todo un ejemplo de compromiso, de solidaridad entendida como fraternidad universal. Yo no tengo hermanos, sino que todos los hombres son mis hermanos.
Dice Canek que "Ahora se lleva al Che del altar del bien al del mal". Lleva mucha razón. Nos estamos perdiendo lo esencial, algo infinitamente más perdurable que un hombre: sus ideas.
No juzguemos al Che. Sé que a nuestros ojos resulta a veces culpable. Lo mismo da. Del mito del Ché podemos extraer varias ideas que superan al hombre.
Compromiso, sacrificio, morir (que no matar) por una idea. Y un rasgo que si que estaba, indudablemente, en el hombre: ansias de saber, que se juntan en un impulso tremendo. Su enseñanza es ese impulso. Me estoy refiriendo a la voluntad de cambiar el mundo.
Libres somos de tomar dicha enseñanza. Yo, Astérix, mucho más modesto soy y solo aspiro a cambiar la Galia.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
Reciclaje (con un poco de tomate)
Sé que hasta hoy este era un blog serio. Bueno, lamento deciros que este blog ya no es serio. Ha tirado corbata y traje al cubo de la basura, ahora viste playeras, piercings y uno de esos horteras bañadores hawaianos (ya sabéis, con flores. Por cierto, yo tengo uno).
Eso sí, me niego a escribir con ese léxico chungo de los móviles, del tipo "wenas gente q tal stais".
Yo, como vosotros, tengo múltiples personalidades. Hoy no me siento trascendental precisamente.
¡Qué viva el tomate! La tele forma, la tele entretiene (la lala, lalala). Viva la intrascendencia. VIVA LA TELE
¿Qué pasó Jorge Javier...? ( leerse emulando el acento argentino y como con gravedad)
Y un poquito más de mierda (de los pelos casposos de un ano revenido):
http://eldescodificador.wordpress.com/tag/jorge-javier-vazquez/
PD: en un futuro también seguirá existiendo el post serio, que gritará cual náufrago en el océano de la cultura basura.
Eso sí, me niego a escribir con ese léxico chungo de los móviles, del tipo "wenas gente q tal stais".
Yo, como vosotros, tengo múltiples personalidades. Hoy no me siento trascendental precisamente.
¡Qué viva el tomate! La tele forma, la tele entretiene (la lala, lalala). Viva la intrascendencia. VIVA LA TELE
¿Qué pasó Jorge Javier...? ( leerse emulando el acento argentino y como con gravedad)
Y un poquito más de mierda (de los pelos casposos de un ano revenido):
http://eldescodificador.wordpress.com/tag/jorge-javier-vazquez/
PD: en un futuro también seguirá existiendo el post serio, que gritará cual náufrago en el océano de la cultura basura.
Etiquetas:
blogueando,
medios de comunicación,
personajes,
televisión
domingo, 9 de diciembre de 2007
Popurrí (II)

¡Desde el 1 de noviembre sin escribir!
Han pasado tantas cosas: que te calles!, reférendum venezolano, viraje del gobierno al centro, corrupción en Madrid y en Totana, cumbre Africa- Europa, muerte de Fernán Gómez, etc.
Vaya pues un poco de popurrí para compensar un mes de posts nonatos.
Primero, quiero mencionar una película. "El espíritu de la colmena". Soberbia. Pero debo reconocer que la primera vez que la vi, y no la acabé, pensé soberano peñazo. Nada más lejos de la realidad.
Han pasado tantas cosas: que te calles!, reférendum venezolano, viraje del gobierno al centro, corrupción en Madrid y en Totana, cumbre Africa- Europa, muerte de Fernán Gómez, etc.
Vaya pues un poco de popurrí para compensar un mes de posts nonatos.
Primero, quiero mencionar una película. "El espíritu de la colmena". Soberbia. Pero debo reconocer que la primera vez que la vi, y no la acabé, pensé soberano peñazo. Nada más lejos de la realidad.
Película del 73, muy vigente hoy. La recomiendo con fervor. Y para amar el cine, después de ver la película, se puede coger el libro de Paidós del mismo título que la película, de Jaime Pena.
El PSOE vira al centro. Traducido: renuncio a tocar los temas del aborto, la eutanasia y a poner sobre la mesa el tema de las relaciones Iglesia - Estado. Cuando llegan las elecciones el gallo se vuelve gallina... O mejor, el gallo rojo pierde el plumaje y cambia de color.
GIRO DEL BLOG, voy a dar entrada a posts menos largos, para evitar tan prolongadas ausencias.
La foto muestra:
a) la casa de Astérix
b) un paisaje idílico desconocido
c) la casa de un terratenente latinoamericano
jueves, 1 de noviembre de 2007
¿Google es Dios?
Uno empieza a ser consciente de sus dependencias cuando aquello de lo que dependemos falla.
Hoy nadie busca en una enciclopedia. Tampoco se llama a los números de información telefónica (yo por lo menos). Todo está a uno, dos, tres, cinco o seis clicks a lo sumo. La red lo sabe todo. Si no estás en la red, no existes.
Página de inicio: Google, Yahoo, Msn o cualquier otro buscador. A partir de ahí; a rastrear, que ya aparecerá.
El problema surge cuando Dios no responde a nuestras llamadas. Imposible, cómo no va a estar - te dices-. Dios es omnipresente y omnipotente, pero Google - descubres- no es Dios. Casi, pero no.
Tampoco es fácil conceder que hay muchas tecnologías que nos tienen sujetos por los cojones. Y otros tantos hábitos que van de la mano. Por eso, cuando cogemos el móvil y llamamos a seis números distintos y nadie (¡ninguno de esos seis números!) nos contesta, sentimos que el mundo se nos cae a los pies. Es una frustración, un desasosiego.
Quizás no sobra aquí la idea de una sociedad de la inmediatez. Cada día tenemos más megas por segundo, las noticias nos llegan al móvil cuando apenas hace un instante que han sucedido y en miles de webs podemos seguir los eventos en tiempo real: la sentencia del 11 - M en la web de el mundo, por ejemplo.
Somos además cyborgs, incapaces de vivir sin una conexión a la red; sin nuestro móvil, nuestro IPOD o nuestra PDA. La tecnología y sus mundos virtuales nos han penetrado y se intuye que ya no nos abandonarán.
Crecen aquellos espacios generadores de nuestra otra vida, ésa que no es sino una serie de combinaciones binarias, pero cuya verdadera fuerza reside en sacar fuera a esos dos alter ego que todos llevamos dentro. Exhibicionistas y voyeurs. Quién, sin engañarse, puede dudar de ello.
Alabados seáis, nuestros señores: Facebook, Blogger, Myspace, Fotolog, pues para todos nosotros habéis sido creados.
Hoy nadie busca en una enciclopedia. Tampoco se llama a los números de información telefónica (yo por lo menos). Todo está a uno, dos, tres, cinco o seis clicks a lo sumo. La red lo sabe todo. Si no estás en la red, no existes.
Página de inicio: Google, Yahoo, Msn o cualquier otro buscador. A partir de ahí; a rastrear, que ya aparecerá.
El problema surge cuando Dios no responde a nuestras llamadas. Imposible, cómo no va a estar - te dices-. Dios es omnipresente y omnipotente, pero Google - descubres- no es Dios. Casi, pero no.
Tampoco es fácil conceder que hay muchas tecnologías que nos tienen sujetos por los cojones. Y otros tantos hábitos que van de la mano. Por eso, cuando cogemos el móvil y llamamos a seis números distintos y nadie (¡ninguno de esos seis números!) nos contesta, sentimos que el mundo se nos cae a los pies. Es una frustración, un desasosiego.
Quizás no sobra aquí la idea de una sociedad de la inmediatez. Cada día tenemos más megas por segundo, las noticias nos llegan al móvil cuando apenas hace un instante que han sucedido y en miles de webs podemos seguir los eventos en tiempo real: la sentencia del 11 - M en la web de el mundo, por ejemplo.
Somos además cyborgs, incapaces de vivir sin una conexión a la red; sin nuestro móvil, nuestro IPOD o nuestra PDA. La tecnología y sus mundos virtuales nos han penetrado y se intuye que ya no nos abandonarán.
Crecen aquellos espacios generadores de nuestra otra vida, ésa que no es sino una serie de combinaciones binarias, pero cuya verdadera fuerza reside en sacar fuera a esos dos alter ego que todos llevamos dentro. Exhibicionistas y voyeurs. Quién, sin engañarse, puede dudar de ello.
Alabados seáis, nuestros señores: Facebook, Blogger, Myspace, Fotolog, pues para todos nosotros habéis sido creados.
martes, 16 de octubre de 2007
De lo oculto y lo latente

El oficio de censor es tan viejo como lo es la sociedad.
Pero siempre se cuelan cosas, de hecho las más gordas. Quizá porque en el territorio de los símbolos es donde se encuentran las mayores explicaciones del hecho humano.
Por ejemplo, hay quién dice que no hay nada más frío (o menos humano) que el género de la ciencia ficción. Este lector o espectador no se ha enterado. Si un robot reflexiona acerca de su creador: ¿pudo el hombre - ser imperfecto- crearme a mí -ser perfecto-?, debemos extrapolar su interrogación. Dicha reflexión es, antes que nada, una parábola: ¿surge el hombre de algo imperfecto o de algo perfecto (Dios)?
La ciencia ficción, como la alta literatura, tiene sus grandes cotas de significado en el símbolo.
Si no rascamos, la superficie no nos dice nada.
James Joyce tiene un relato espléndido llamado "Un encuentro". En él unos niños coinciden con un viejo en un descampado. En un momento de la historia, el viejo se aleja. Cambiando el foco, Joyce nos oculta lo que está haciendo el viejo y pone en boca del niño un "Mira lo que está haciendo ese viejo tarado". Por el tono del relato es de suponer que el viejo se está masturbando.
Bien; sus mojigatos editores no se percataron. Pusieron, en cambio, objecciones a una frase, puesta en boca de un personaje, en la que se calificaba de imbécil a la reina de Inglaterra. Entonces Joyce les dijo: "pero si es mucho peor lo del viejo pederasta". Craso error. Los editores quedaron poco menos que traumatizados, pues pedofilia y homosexualidad eran dos temas tabú en la Irlanda de principios del siglo XX.
Viajemos en el tiempo y en el espacio. Año 1952. España. La censura franquista ya está a pleno rendimiento en el gris pantano de la posguerra. Les pasan el guión de una película: "Bienvenido mister Marshall". Provistos de tijera, hacen trizas tres escenas: un sueño (suponemos que "erótico"), un misa y una escena de entierro tratada con humor, negro claro.
Resultado: "Bienvenido...", que funciona (otra vez) como parábola, simboliza la ingenuidad, la bajeza moral y la sumisión de España ante los Estados Unidos. De nada de ello se percató la censura.
Parece que los censores, en ese empeño por segar todo pensamiento libre (y perdón por la tautología), siegan, inconscientemente, el propio.
Pero siempre se cuelan cosas, de hecho las más gordas. Quizá porque en el territorio de los símbolos es donde se encuentran las mayores explicaciones del hecho humano.
Por ejemplo, hay quién dice que no hay nada más frío (o menos humano) que el género de la ciencia ficción. Este lector o espectador no se ha enterado. Si un robot reflexiona acerca de su creador: ¿pudo el hombre - ser imperfecto- crearme a mí -ser perfecto-?, debemos extrapolar su interrogación. Dicha reflexión es, antes que nada, una parábola: ¿surge el hombre de algo imperfecto o de algo perfecto (Dios)?
La ciencia ficción, como la alta literatura, tiene sus grandes cotas de significado en el símbolo.
Si no rascamos, la superficie no nos dice nada.
James Joyce tiene un relato espléndido llamado "Un encuentro". En él unos niños coinciden con un viejo en un descampado. En un momento de la historia, el viejo se aleja. Cambiando el foco, Joyce nos oculta lo que está haciendo el viejo y pone en boca del niño un "Mira lo que está haciendo ese viejo tarado". Por el tono del relato es de suponer que el viejo se está masturbando.
Bien; sus mojigatos editores no se percataron. Pusieron, en cambio, objecciones a una frase, puesta en boca de un personaje, en la que se calificaba de imbécil a la reina de Inglaterra. Entonces Joyce les dijo: "pero si es mucho peor lo del viejo pederasta". Craso error. Los editores quedaron poco menos que traumatizados, pues pedofilia y homosexualidad eran dos temas tabú en la Irlanda de principios del siglo XX.
Viajemos en el tiempo y en el espacio. Año 1952. España. La censura franquista ya está a pleno rendimiento en el gris pantano de la posguerra. Les pasan el guión de una película: "Bienvenido mister Marshall". Provistos de tijera, hacen trizas tres escenas: un sueño (suponemos que "erótico"), un misa y una escena de entierro tratada con humor, negro claro.
Resultado: "Bienvenido...", que funciona (otra vez) como parábola, simboliza la ingenuidad, la bajeza moral y la sumisión de España ante los Estados Unidos. De nada de ello se percató la censura.
Parece que los censores, en ese empeño por segar todo pensamiento libre (y perdón por la tautología), siegan, inconscientemente, el propio.
sábado, 6 de octubre de 2007
Lectores
La soledad es difícil. Es la elección de los fuertes y la desgracia del resto.
Los seres humanos necesitamos calor y lo buscamos de una forma ansiosa, lanzando brazadas de perro ahogado. Brazadas torpes y bruscas, pero anhelantes y ansiosas. Queremos estar en compañia, sentir al otro.
Sin embargo, también necesitamos reductos de soledad. Oír unicamente la voz de nuestra conciencia. Sólo en la combinación de las dos necesidades, soledad y compañia, encontramos cierta paz.
Pero se puede estar solo y a la vez acompañado. Eso y no otra cosa es lo que ocurre cuando leemos.
En mi plácido y cálido cuarto, en un silencio amigo, un hombre de principios del siglo XX me cuenta cosas acerca de Irlanda. Sobre muertes, humedades, ritos y ambientes. Estoy leyendo a Joyce.
Hace poco he pisado México sin moverme de estas cuatro paredes. Una vez más, me han contado.
Así, todos lo días desde que me levanto hasta que me acuesto. Prolongando ese silencioso diálogo que ya dura siglos y gracias al cual podemos oír a nuestros semejantes, aunque sus voces nos griten desde el abismo del pasado.
Leer, parar y detenerse, masticar palabras, buscando un buen jugo de pensamientos. Vagar en los mundos paralelos que signos tras signo otro nos ha construido. Pues así lo sentimos: aunque el escritor escriba para todos, mientras leemos nos sabemos únicos destinatarios de su mensaje.
Leer es el placer de los solitarios que no renunciamos a la voz humana.
Los seres humanos necesitamos calor y lo buscamos de una forma ansiosa, lanzando brazadas de perro ahogado. Brazadas torpes y bruscas, pero anhelantes y ansiosas. Queremos estar en compañia, sentir al otro.
Sin embargo, también necesitamos reductos de soledad. Oír unicamente la voz de nuestra conciencia. Sólo en la combinación de las dos necesidades, soledad y compañia, encontramos cierta paz.
Pero se puede estar solo y a la vez acompañado. Eso y no otra cosa es lo que ocurre cuando leemos.
En mi plácido y cálido cuarto, en un silencio amigo, un hombre de principios del siglo XX me cuenta cosas acerca de Irlanda. Sobre muertes, humedades, ritos y ambientes. Estoy leyendo a Joyce.
Hace poco he pisado México sin moverme de estas cuatro paredes. Una vez más, me han contado.
Así, todos lo días desde que me levanto hasta que me acuesto. Prolongando ese silencioso diálogo que ya dura siglos y gracias al cual podemos oír a nuestros semejantes, aunque sus voces nos griten desde el abismo del pasado.
Leer, parar y detenerse, masticar palabras, buscando un buen jugo de pensamientos. Vagar en los mundos paralelos que signos tras signo otro nos ha construido. Pues así lo sentimos: aunque el escritor escriba para todos, mientras leemos nos sabemos únicos destinatarios de su mensaje.
Leer es el placer de los solitarios que no renunciamos a la voz humana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
