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domingo, 4 de mayo de 2008

Pis y mierda

Tengo un amigo fan de Coixet. Al final, acabó arrastrándonos a ver "La vida secreta de las palabras". No la terminé. Me distanció esa edulcorada mirada sobre la muerte: qué trágico es todo y, precisamente por eso, qué bonito. Lloremos mientras cantamos. No vi lo cotodiano, lo grotesco, lo cómico. No vi la realidad.

En cambio, me ha encantado "La familia Savages". Porque, como dice uno de sus protagonistas, la muerte huele mal, a pis y mierda.

Los Savages son dos hermanos, que deben afrontar la entrada de su padre en un asilo y su inminente muerte. Y no hay lugar para grandes tragedias, porque lo cotidiano las engulle. Hay escenas brutalemente duras: cuando al padre se le caen los pantalones y medio avión lo mira . Entonces no hay lloros, sino un plano general de algo tan emotivo como ridículo: un anciano en pañales.

El humor de la película es de un dureza que corta el aire. Pero es humor. ¿Sois idiotas? ¡enterradme! Contesta un furibundo padre, ante los balbuceos filiales que buscan conocer su última voluntad.

Una padre gruñon y nada perfecto. Porque así son los ancianos reales. Y, como los hijos reales, los hermanos Savages no pueden evitar los remordimientos ante el asilo y el sufrimiento ante el padre.

La directora, Tamara Jenkins, ha cortado planos a medio camino y ha dejado tramas inconclusas. Como toda percepción humana, la de los Savages es parcial. La poética está presente, pero la directora nunca se detiene a decirnos: ey, mira que buena soy.

Resumiendo: la pelí de Coixet me subió el azúcar a la vez que me provocaba náuseas. "La familia Savage", en cambio, me tocó muy dentro, sinceramente, sin artifícios. Mientras, me estaba diciendo: no te quedes ahí pasmado, que la vida sigue.

sábado, 5 de abril de 2008

Enamorado (del cine)


Ayer fui al cine. Estaba indeciso, hasta que perfile dos opciones: La soledad, En el valle de Elah. Escogí la segunda. La película de Jaime Rosales la he dejado para hoy. Ya os contaré.

LLegué a la plaza de los cubos y me metí en el cine Princesa. Tras pagar 6'50 - dentro de poco habrá que hipotecarse para ir al cine- me metí en una "minisala" con, para colmo, la butaca más reclinada de lo que yo estimo deseable. Pero en seguida me olvide de todo.

En el valle... me atrapó. Comienzo "in media res". Un soldado desaparecido tras volver de luchar en Irak. Su padre, un espléndido Tom Lee Jones, le busca.

Paul Haggis (guionista de, entre otras, Million Dollar baby y Cartas desde Iwo Jima y director de Crash) escribe y dirige está historia. Un hecho llamativo es que, para mostrar Irak, no recurre a flashbacks, sino que utiliza el recurso del video en el móvil. Mike, el soldado desaparecido, grabó videos de Irak en un teléfono que ha quedado muy deteriorado. Su padre los va viendo mientras busca a su hijo. El calor los ha pixelado y las imágenes a las que tenemos acceso los espectadores son una suerte de fragmentos rotos, inconclusos, indeterminados; que añaden dramatismo y verdad.

En esta era del video digital, de la abundancia de información, el cine no puede sino hacerse eco del cambio de paradigma. La mirada pasa a ser subjetiva y es probable que los videos que un chico grabó en Irak nos enseñen más que todos los totales de la CNN. Rec, La bruja de blair han caminado por ese sendero. La óptica del narrador es cada vez menos omnisciente porque nuestro tiempo no lo es. Hay miles de fuentes, de miradas, que se hacen públicas en la red y que desafían la versión canónica, institucionalizada, de las cosas.

Esa versión canónica se cae en la película. Porque, al menos para mí, no es posible mantener el ideal del patriota que lucha por la democracia, pensando en su país y creyendo que exportando "la libertad" hacen legítima la lucha. Ya no puedo creer en valores; en un honor y en una moral. Bueno más bien, en su honor y su moral.

El personaje de Tom Lee Jones, sargento y padre de un soldado muerto -el hermano mayor de Mike- representa ese honor y esa moral. Entiende que hay unos códigos. Es el viejo americano. Pero, al igual que le ocurría a su personaje del Sheriff en No es país para viejos su mundo ha muerto. Ahora ya no hay reglas. La única regla vigente es la del más fuerte. Y, al lado, como verdad ineluctible, la muerte.

Es difícil concebir una película tan crítica como En el valle... Aunque no menos cierto es que el final, con la bandera americana ondeando, aunque sea boca a bajo -¿Reclamando paz?-, redime. Redime a un país y a unos ideales. También suaviza el mensaje crítico la historia de David y el gigante. No os quiero reventar la pelí. Así que no diré mucho más. Pero David era valiente y no sé si esa es la mejor idea que nos debe quedar de los jóvenes que van a Irak. Aunque la entiendo. Entiendo al padre de Mike.

En cualquier caso, muestra lo que es Irak. Y enseña también que en la guerra no existen héroes. Sólo chavales, que ametralladora en mano se brutalizan, se manchan y llegan al extremo. De ahí en adelante son víctimas y aunque han llorado sus pecados, la sangre no les dice nada. Como quién tiene un cuchillo y le es indiferente clavarlo o no. Indiferente también será que te lo clave en la nuez o, poco más abajo, en el esternón.

Es dura. Brutal. No sé que hago últimamente pero, por suerte, pocas veces me equivocó con la película que decido ir a ver. Quizá soy poco exigente. Quizá me he enamorado del cine. Y, como les pasa a todos los enamorados, no se ver los defectos.

lunes, 31 de marzo de 2008

Más lejos que la palabra


El Aura.
GENERO: Thriller DIRECCION: Fabián Bielinsky GUION: Fabián Bielinsky INTERPRETES: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Alejandro Awada, Pablo Cedrón. AÑO DE PRODUCCION: 2005
Ficha completa en IMDB

Las películas, como otros relatos, pueden tener su origen en una nimiedad. Basta una imagen. Una idea. El aura yo la creo concebida con la siguiente: un hombre epiléptico que sueña con atracos. Eso y más es el personaje de Ricardo Darín.

Nuestro protagonista se dedica a la taxidermia (diseca animales), posee una excelente memoria y pierde su tiempo imaginando atracos que nunca lleva a cabo. Pero un día, tras un trágico accidente, aquella imaginación cobra visos de hacerse real.

La película no pierde tensión en sus 126 minutos de metraje. Con un principio que descoloca al espectador, nos introduce la epilepsia del personaje de Darín. Cada ataque epiléptico está precedido del aura, que es una sensación o fenómeno de orden cutáneo, psíquico, motor, etc. Pero es que el aura también es el halo que rodea a Darín, que baila con la más fea y logra salir indemne.

Una gran virtud de la narración es que siempre elude ser explícita. El taxidermista lee lo que parece una carta de despedida de su mujer, nunca lo llegaremos a saber. La cámara eligió, acertadamente, el rostro de Darín. A veces intuimos más que sabemos. El aura es suspense y como tal sabe gestionar la información.

El taxidermista, por otro lado, tiene una peculiaridad que mantiene durante toda la película. El no hace las cosas, sino que las cosas le hacen a él. Incluso los actos más decisivos son fruto de una corriente invisible que los recorre. Nunca entra en juego la voluntad. El personaje de Darín podría decir: yo soy mis circunstancias, en lugar de yo soy yo y mis circunstancias.

Los personajes están trazados magistralmente. El viejo y el que probablemente será su último asalto. El matón. Los hermanos. Todos encajan y se nos hacen tan normales, que lo único fantástico del filme es que no sea real. La película deja la sensación de que aquello que la hace real es lo fantástico. El misterio se persona para dar voz a los personajes y mostrar, más que hurgar, su lado opaco.

Un valle sin domesticar es el marco ideal de la historia. Con personajes desgarrados (la chica) y salvajes (los cómplices de Dietrich).

El aura es buen cine porque: sabe contar una historia, se atreve con una narración pausada y engancha hasta la médula. Pero, sobretodo, hace algo que yo he intentado infructuosamente en este escrito, genera climas, sensaciones; que transmiten más que mil diálogos. Llega más lejos que la palabra.

La recomiendo.

domingo, 26 de agosto de 2007

Días de Santiago

Cine peruano. Tuve mis dudas. Había investigado un poco por la red y, aunque tenía buenas críticas, no me acababa de convencer. Todo su equipo, pues mi conocimiento del cine peruano es nulo, me resultaba desconocido y me pareció una película menor.

Me equivocaba. Días de Santiago es una película más que decente, es una buena película.
Hecha con pocos medios, alcanza cotas de gran cine.

El argumento está ya tratado en muchas películas. Un joven ex-soldado, Santiago (interpretado por Pietro Sibille) regresa a su hogar en Lima tras años de lucha contra los narcos y en la guerra de Ecuador. El filme refleja las dificultades de Santiago para reintegrarse en la sociedad civil.

Un gran logro del guión y de la película en general es la capacidad de recrear perfectamente el sufrimiento, las secuelas y la paranoia de Santiago, sin recurrir a flashbacks que nos muestren la crudeza de la guerra.

Es memorable la secuencia en la que Santiago va por una calle llena de gente mientras, haciéndo un uso totalmente pertinente de la voz en off, escuchamos sus pensamientos en una suerte de monólogo en el que, sin dirigirse directamente a nosotros, nos cuenta que el que ha sido soldado, morirá soldado.

En otra secuencia se resume el principio castrense básico en dos líneas:

"Esto es esto. La mesa es la mesa. El piso es el piso. Aquí se come. Aquí se camina.Todo tiene su orden, todo tiene su razón de ser. Sin orden, nada existe"

Santiago tiene dentro de sí el rol militar y sus principios le han calado hasta los huesos. Y con la psicología de un militar es difícil vivir como un civil. La película es capaz de transmitirnos eso, logrando que comprendamos el comportamiento violento de Santiago y sintamos empatía hacía él.

¿Dónde flaquea la película? No acabo de ver necesaria la peculiar mezcla de metraje en color y en B&N y algunas secuencias del principio están un poco flojas, notándose que hay un intento (burdo y evidente) de expresar determinados sentimientos (injusticia) y que las situaciones están un poco forzadas.

También creo necesario hablar del aspecto documental que, de forma evidente, está presente en Días de Santiago. La cámara en mano, las imágenes de los suburbios de Lima y la falta de decorados nos hablan de ello.

A todo lo dicho en el párrafo anterior se le une el mencionado uso del color y el B&N, una historia de ficción y personajes tan falsos como reales. Y es aquí donde reside la fuerza de la película, lo que estamos viendo es una ficción, pero que no lo dude nadie: el Perú de Días de Santiago es tan real como los son las palmas de nuestras manos.


http://www.labutaca.net/films/25/diasdesantiago.htm


sábado, 14 de julio de 2007

LOSERS


He ido al cine y he visto la última película producida por Trueba y dirigida por Félix Viscarret, director novel al que voy a seguirle la pista, : "Bajo las estrellas"


Su sinopsis es sencilla:

Beni, un outsider vividor y de moral políticamente incorrecta, vuelve a Estella, su pueblo natal, porque su padre se está muriendo. Una vez allí, decide intervenir en la vida de su hermano Lalo, un buenazo que vive por fuera de la realidad, conoce a la pareja de su hermano, Nines -pendenciera reconvertida - y se queda prendado de la niña de ésta.


Cuando leo road-movie o "western a la navarra" no puedo evitar pensar que yo he visto otra película. Una PELÍCULA DE LOSERS, de perdedores.


"Bajo las estrellas" puede contener elemento semánticos, es decir, iconográficos, que remiten a los dos géneros citados. Así, el tractor de Beni en la carretera cabe entenderse como motivo de las road- movies y su regreso al pueblo como la vuelta del héroe- antihéroe en este caso- del western. Pero la sintaxis, es decir, la historia de Beni, es propia de otros géneros. La comedia melodramática sería uno de ellos.


Yo defiendo y acuño un nuevo género para "Bajo las estrellas": el marginal. Marginal en tanto que trata historias de tipo marginales, cuyo pensamiento es independiente de los clichés sociales y no se asusta ante la diferencia. Me viene a la cabeza el Marc Stanley protagonista principal de "El palacio de la luna" de Paul Auster, o el personaje del tío en "Gracias por la propina" de Ferran Torrent.


Me han gustado mucho dos rasgos de la película. Uno es que los personajes son reales y no hay maniqueismos. Así, acabamos cogiendo un cariño inmenso a Beni, pero no podemos evitar sentir grima en la escena de su encuentro con la niña. Beni se cuela en la casa de la niña a través del engaño. Se crea un tensión sexual, algo de agresividad y mucha incorrección política y es que Beni no para de llamar puerca a la niña (después, puerquita). Es significativo que durante esta escena el público, que ya desde antes estaba entregado a las chanzas de Beni, no se riera lo más mínimo. Viscarret ha tenido el acierto de hacernos sentir que podemos tocar a los personajes, al crearlos tan reales que los conocemos. Todos tenemos a un Beni en la familia: bebedor, irresponsable, original, espontáneo, libre, a veces cruel, otras sensible, siempre entrañable.


En la película, como en la vida, acabamos amando a tipos que no solo son imperfectos, sino que a veces no merecen ser amados y a veces (paradoja) merecerían que los amarán más de lo que nosotros los amamos.


El otro rasgo que me encantó fue el toque fantástico o mágico del film. Dicho toque se ve en las escenas nocturnas, con estrellas y las siluetas de los personajes, en la escultura de chatarra al lado del tractor en el plano final y en alguna otra. Aunque es un rasgo que podría haberse explotado más. No he leído la novela que inspira el film ("El trompetista del Utopía", Fernando de Aramburu, ed. Tusquets) pero intuyo que se presta a hacer una adaptación de aires similares al cine fantástico que hace Tim Burton.


Para concluir no puedo dejar de destacar la fabulosa interpretación de Alberto San Juan. Deberán pasar muchos días y muchos films ante mis ojos para que deje de ser Beni Lacun.


Beni forever.