martes, 12 de febrero de 2008

Rajoy

Con lo que lo quieren fuera. Parece mentira.



Voy acabar votando al PP. Da igual que estén casados con los Obispos (aunque tampoco lo quieran llamar matrimonio) y que quieran cargarse, entre otras cosas, la sanidad pública a base de lamelazos. Da igual porque: "Y con Rajoy estamos todos seguros/a la presidencia lo vamos a llevar". Qué ritmo. Es la hostia.

Por cierto, encontré el vídeo en el blog de Toni Garrido, locutor de RNE de España. Merece la pena echarle un vistazo, casi siempre te diviertes.

Ah, otra recomendación. Esta más en serio. Reflexión sobre las tres líneas de pensamiento que se mueven por Génova.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Raymond Carver

He oído a más de un escritor decir que la escritura es en él un proceso de descubrimiento. Uno agarra teclado o pluma con unas cuantas ideas, pero sin saber dónde le llevarán. No pocas veces hago lo mismo. Hoy es uno de esos días. Porque lo que sé, aunque todavía sea inconsistente y esté fraguándose, me pide que lo cuente.

Hace poco leí De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver. Que nadie se engañe por el título. Cuentos que hielan, sin un atisbo de esperanza. Escepticismos que no admiten un pero.

Unido al anterior, otro descubrimiento. A saber, que diez de los trece finales de los cuentos que configuran el libro están modificados por su editor, Gordon Lish. Lo cuenta Alessandro Barrico en un artículo publicado en La Republicca.

Los cuentos tal y como están publicados son geniales, pero también brutales. Con un estilo, éste si del propio Carver, conciso, intentando buscar las palabras mínimas y con un narrador que nunca juzga, se nos presentan historias que punzan hasta el dolor. Duelen porque las sabemos reales. Incomunicación, alcohol, violencia. Vidas rotas sin que haya motivos aparentes. Al leerlo sentí que la única razón que llevaba a los personajes a la autodestrucción era la conciencia de la vida como absurdo. Nada les motiva, el tiempo transcurre ante la indiferencia de sus miradas. Ni siquiera el placer físico parece llevarles a la felicidad, sino que lo viven como animales; puro instinto. Sólo supervivencia.

Los finales contribuyen a ello. En un entorno cotidiano, la tragedia llega sin avisar.

Lo que Bill había querido era joder con en ellas. O verlas desnudas. Pero tampoco le habría importado mucho que la cosa no saliera.
No llegó a saber lo que quería Jerry. Pero todo empezó y acabó con una piedra. Jerry utilizó la misma piedra con las dos chicas: primero con la que se llamaba Sharon y luego con la que se suponía que le tocaría a Bill.

Así acaba Diles a las mujeres que nos vamos. Hasta que llega el momento, Bill y Jerry son americanos medios, de barbacoa de domingo, niños y cervezas viendo fútbol americano. A mitad del cuento se van a dar una vuelta en coche. Encuentran a dos muchachas en bici. Luego ya sabemos lo que pasó. Realismo sucio. Detrás de la civilización late la bestia. Podría ser el vecino.

En frases cortas, los cuentos paren desgarro. Ni un sentimiento:

Cariño -le propuse a Myrna la noche en que volvió al hogar- ¿Qué tal si nos magreamos un rato y luego preparas una cena apetitosa de verdad?
Y Myrna dijo:
-Lávate las manos.

Pero la sorpresa viene ahora. Los finales originales, los mecanografiados por Carver, eran bien diferentes. Así como en otras partes de sus cuentos, había hueco para la esperanza. Ese hueco que Lish no ha borrado en Todo pegado a la ropa, en el que un chico renuncia a una jornada de caza para quedarse con su joven pareja y su bebé enfermo o en Después de los tejanos, historia de un gruñon anciano que se desquita de sus obsesiones para ayudar a su esposa. Y es que esos finales duros como piedras, no debían ser tales en Carver. Como si este quisiese mostrar que debe quedar esperanza. O, apunta Baricco, como si tuviese miedo de concebir algo tan negro.

Lo que a mí me sugiere el caso es que los asideros nunca están firmes. Uno cree estar leyendo a Carver y es Lish quién escribe. La literatura, como los sueños, es a veces inasible y sólo queda aprehenderla en el ánimo, renunciando a saber qué pensaba quién la trajó al mundo.

Sea como fuere, uno se adentra en esos cuentos y los pasajes le torpedean. Es imposible salir indemne. De verdad, cuando no tengáis qué leer, escoged a Carver. Eso sí, no esperéis flores. Más bien, una confirmación de que estamos hundidos en el lodo.

martes, 5 de febrero de 2008

Bloguería

Tras las largas jornadas de exámenes, uno acaba más que muerto. Mientras estudiaba he pensado en varios posibles posts. Los haré, tiempo al tiempo. Y por hoy será suficiente con la entrada en la comunidad blogger de:

http://profetabufon.blogspot.com/

Visitadlo, tiene cosas que contar y (he aquí la clave) sabe cómo contarlas.

Concisión, mirada crítica y una especial atención al mundo político y jurídico. En cuanto al título... Profeta no sé. Bufón quizá. Pues algo pincha el blog: el culo de los poderosos y de los (falsos) bienpensantes.

jueves, 31 de enero de 2008

Digresiones y citas

Es cierto que quizá la principal intención que me empujó a abrir este blog fue escribir. Pero no menos cierto es que, como ya nos apuntó un ilustre griego, toda novedad no es sino olvido. En otras palabras, pocas cosas no están ya dichas. Lo mismo apuntó Bacon, en uno de sus ensayos:

There is no new thing upon the earth, that all knowledge was but remembrance, that all novelty is but oblivion.

Pero, no nos engañemos, existe también la novedad. Pues, aunque las cosas no cambien, cambia la forma de contarlas. Y, oh pensamiento paradójico, no es del todo correcto lo anterior. De hecho, cualquier historiador honrado te dirá que la afirmación "la Historia se repite" es, como mínimo, incorrecta; cuando no una soberana gilipollez.

No, la Historia no se repite. Lo que si ocurre, por suerte, es que poseemos una mente analítica y para interpretar un hecho lo comparamos a otro. Es decir, que, y en esto se basa gran parte del pensamiento, nuestra inteligencia ha diseccionado un evento histórico y ha sacado las variables que son extrapolables a otros.

En fin, me he líado. De un lado a otro, dando bandazos (que no palos de ciego, o eso espero).

Lo que pretendía con el primer párrafo era justificar las citas que iba a poner. Déjadme que os diga, a modo de confesión, que yo solo escribo lo que he leído en otros.

Por aquí van tres frases, todas atravesadas por el rayo del ingenio:

Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quién habla solo, espera hablar con Dios un día.

Antonio Machado

En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.

Woody Allen

¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿Habrá mujeres allí?

Woody Allen

miércoles, 30 de enero de 2008

Álvaro Puerta publica en Yo, periodista


Ha nacido una nueva era en la historia del fotoperiodismo.

Álvaro Puerta, que es la versión cutre de Jimmy Justice (llamado también Jaimito Justicia), se presenta como un desconocido para el gran público. Sus obras parecen estar influidas por las videodenuncias del norteamericano, aunque él no reconozca del todo ésta más que segura influencia. De momento solo se ha publicado, en versión digital, una de sus alegatos contra la tiranía polimunicipal.

El que esto escribe, Astérix el galo, sostiene haber sido confidente de Puerta, quien la ha manifestado que esta primera acción justiciera solo es un modesto prólogo de lo que vendrá.
Álvaro Puerta en Yo, periodista, clica aquí.

jueves, 24 de enero de 2008

Sin título*

Era un domingo de primavera. Madrugó, ansioso de mañana. Se duchó, mientras tarareaba alguna canción de radiofórmula. Se vistió, perfumó, acicaló. Se fue a desayunar. Y mientras hacía todo esto, sentía que algo faltaba, que el cotidiano desorden del mundo era aún mayor aquel día. Se examinó entonces, buscando aquella falta o algún detalle que impidiese la plenitud que tácitamente habían acordado, desde tiempos inmemoriales, el domingo y él.

Absolvió a la tostada, no parecía culpable, tan bien untada como estaba. Es más, se diría que en ella la armonía de la mantequilla y la mermelada era total. Ni un grumo podía vérsele. Repasó entonces su calzado, pero solo encontró nudos que para sí quisiera el marinero más experimentado. Miraba y no veía nada, pero la sensación seguía estando ahí. Cierto era que desde su asiento en el salón veía los platos y cubiertos del día anterior. Estaban sucios, como el resto de la cocina. Pero tenía la extraña certeza de que si, por mágicos poderes, se limpiasen en un abrir y cerrar de ojos, seguiría aquella ausencia.

Un frenazo seco se oyó en la calle. Sonaron pasos en la escalera y algo se deslizó por debajo de la puerta. Él comprendió. En unos segundos la angustiosa sensación había desparecido, dejando un domingo perfecto. Se rió para sus adentros, qué tonto he sido. Cogió el periódico y los ojos se le salieron de las órbitas, como un niño ante un caramelo gigante.




*En mi defensa quiero hacer constar que este relato está escrito bajo los efectos de una contundente resaca.

miércoles, 23 de enero de 2008

Reflexividad